Luego de finalizar la lectura de Letgrín de Eumería, primera entrega de la saga Koon Epolenk, de Diego Furbatto puedo decir que aún está su personaje principal blandiendo sus espadas gemelas en mi imginación.
Seré cuidadoso con motivo de evitar el spoiler de esta curiosa y fascinante entrega. Digo curiosa porque hace tiempo que un libro no me configuraba un mundo enteramente nuevo. Con oficios admirables y una gran variedad de personajes que me hicieron releer una y otra vez sus páginas para "no dejar enemigos vivos detrás" parafraseando algunos diálogos del autor. Me sumí en un reino en guerra, en una historia de otros pueblos que yacían inmortalizados en bibliotecas interminables. Me adentré en un mundo que no se borra aún cerrando la última página. Y me quedé con ganas de más porque, claro, esto todavía no se termina. Es el tipo de libro que una vez leído te lleva a querer agarrar una libreta y empezar a anotar en ella cronológicamente los acontecimientos para entenderlos mejor. Es un obra que me recordó animales fantásticos, me hizo temeroso de los cielos y desafió muchos preconceptos mitolológicos, es decir: no vayas a creer en todo lo que se presupone comunmente sobre la fauna fántastica, en la patagonia las cosas tienen su propia impronta. Me vi perseguido por indeseables cazadores y estuve sujeto a pactos frágiles y posibles traiciones. Descubrí la No-oscuridad y su gran utilidad. Descubrí que las armas tienen conexiones profundas con sus portadores y conocí a un héroe mucho más humanizado que idealizado.
Algunas veces dubitativo, otras confiable y seguro como un gran líder. Pero, por sobre todas la cosas, logró que me dedicara exclusivamente a él sin interrupciones. Es un libro que recomiendo leer con tiempo y con todos los sentidos puestos en él. Si buscás literatura rápida y pasajera leé otra cosa. Tenés que dedicarle tiempo pero bien vale el tiempo destinado.
