Gastón y el secreto del laberinto
Autor: Diego Furbatto
Para empezar, cabe destacar que este libro fue escrito en 1989, se le agregó un capítulo en 1997, se revisó en 2012, se adaptó para formar parte de una antología de cuentos infantiles en 2014 y, finalmente, como dice el autor, en 2016 -para fortuna de sus lectores- “salió del cajón”.
Es una novela corta muy “Furbattesca”, es decir, completamente fiel al estilo de autor que ya ha ganado bastante renombre con la saga “Letgrín de Eumeria”. La historia nos sitúa en territorios conocidos pero bajo una impronta fantástica, con una amplia variedad de personaje que no son ni buenos ni malos, sino que persiguen sus propios intereses y todo ello se va desarrollando en tiempo real; es decir, varias historias fluyen en forma paralela mientras los personajes principales realizan determinadas acciones. Eso siempre despertó mi admiración hacia Diego porque tiene la habilidad de describir situaciones que al principio no parecen tener relevancia y, después de pasarte unas cuantas páginas, cuando volvés para atrás recordás lo sucedido.
Destaco que en esta entrega, Furba, nos dejó una pequeña metáfora de nuestro decadente mundo moderno. Como no quiero revelar parte esencial de la trama no ahondaré demasiado, pero esta vez el autor nos quiere decir algo más con la historia que cuenta y ese algo va por otro camino diferente a la historia que nos convoca (quizás bajo un grito de “muerte a los matemáticos”. Gastón conocerá a muchos personajes, quizás demasiados para el gusto de mi escasa memoria, pero todos son, en cierta medida, necesarios o, al menos, realizan acciones necesarias.
¿Hay una historia de amor? No sé si concretamente puedo decir que hay romance, pero sí claramente hay condimento suficiente para disfrutar de una pequeña dosis de él. El amor está presente a lo largo de todo el libro en sus diversas formas… Desde las alturas, escupiendo fuego, veremos a una bestia que no puede ser herida por una lanza, pero si por el sufrimiento que le causa su recurrente deseo de vengarse. Podemos conocer a otro personaje (no quiero spoilear, che) que carga con el arrepentimiento de haber “traicionado” (interpreten esas comillas como quieran) a su gran amor.
Resumiendo: excelente libro en el que podemos disfrutar de la acción, la aventura, el suspenso y de unos cuántos diálogos memorables. Es una obra para leer despacio y apreciar cada detalle, cada descripción, cada paisaje. Y aunque es un relato autoconclusivo te deja con ganas de más.

Destaco que en esta entrega, Furba, nos dejó una pequeña metáfora de nuestro decadente mundo moderno. Como no quiero revelar parte esencial de la trama no ahondaré demasiado, pero esta vez el autor nos quiere decir algo más con la historia que cuenta y ese algo va por otro camino diferente a la historia que nos convoca (quizás bajo un grito de “muerte a los matemáticos”. Gastón conocerá a muchos personajes, quizás demasiados para el gusto de mi escasa memoria, pero todos son, en cierta medida, necesarios o, al menos, realizan acciones necesarias.
¿Hay una historia de amor? No sé si concretamente puedo decir que hay romance, pero sí claramente hay condimento suficiente para disfrutar de una pequeña dosis de él. El amor está presente a lo largo de todo el libro en sus diversas formas… Desde las alturas, escupiendo fuego, veremos a una bestia que no puede ser herida por una lanza, pero si por el sufrimiento que le causa su recurrente deseo de vengarse. Podemos conocer a otro personaje (no quiero spoilear, che) que carga con el arrepentimiento de haber “traicionado” (interpreten esas comillas como quieran) a su gran amor.
Resumiendo: excelente libro en el que podemos disfrutar de la acción, la aventura, el suspenso y de unos cuántos diálogos memorables. Es una obra para leer despacio y apreciar cada detalle, cada descripción, cada paisaje. Y aunque es un relato autoconclusivo te deja con ganas de más.

